Este artículo ha sido contribución de la Voluntaria Verde Adriana Briceño de Calgary (Canadá). Adriana es Bachelor of Commerce – International Business y Bachelor of Arts y trabaja en Long View Systems.
El debate sobre las semillas transgénicas continúa a medida que el imperio de Monsanto sigue esparciéndose por el mundo. Monsanto, una multinacional Americana, es el mayor productor del herbicida glifosato (comúnmente conocido como Roundup) y uno de los líderes productores de la semilla genéticamente modificada (GM).
El debate sobre las semillas transgénicas continúa a medida que el imperio de Monsanto sigue esparciéndose por el mundo. Monsanto, una multinacional Americana, es el mayor productor del herbicida glifosato (comúnmente conocido como Roundup) y uno de los líderes productores de la semilla genéticamente modificada (GM).
¿Qué son los cultivos transgénicos o las semillas GM?
Es aquel organismo que ha sido alterado en un laboratorio para darle una característica específica. Los científicos de Monsanto fueron los primeros en modificar genéticamente células de planta y patentarlas. Las semillas de Monsanto están diseñadas para resistir específicamente los pesticidas que este vende. Por ejemplo, el herbicida glifosato fue creado para matar las malezas pero encontraron que también destruía el grano de soya. Por eso Monsanto diseñó un grano de soya resistente al glifosato y así poder beneficiarse monetariamente por los dos lados ignorando el conflicto de intereses que esto representa. Los gigantes de la biotecnología - Monsanto, DuPont, Syngenta, Bayer and Dow – son sin excepción los más grandes productores de pesticida. Cada una de estas corporaciones ha comprado gran parte del suministro mundial de semillas y están usando su tecnología para hacer que éstas vendan los pesticidas solas. Monsanto y sus competidores promueven los transgénicos como una solución a la escasez de alimentos que a la vez puede reducir el uso de pesticidas.
¿Qué tan efectiva es esta tecnología?
Después de 21 años de investigación y 13 años de comercialización no se ha probado que los cultivos transgénicos incrementen la producción agrícola y son una de las razones más importantes por las que el uso de pesticidas ha incrementado. Esta tecnología es muy impredecible y estudios recientes demuestran que los cultivos transgénicos han fallado debido a que estos han sido creados para combatir una plaga específica y no tienen defensas contra la gran variedad de insectos y pestes que existen. Cuando el cultivo sucumbe a otras plagas, es necesario aplicar pesticidas adicionales, que además de incrementar los costos del agricultor, terminan siendo ingeridos por nosotros. De igual manera, aun las plagas a las que en teoría las semillas GM son inmunes también han ido desarrollando resistencia. En Colombia, Monsanto prometió que el algodón GM controlaría entre el 50% y 70% de la plaga Spodopter spp, pero en realidad controla menos del 10%, y adicionalmente algunos agricultores afirman que esta plaga está adquiriendo resistencia. El Instituto Colombiano Agrícola declaró que el algodón GM fue un fracaso evidente y sancionó a Monsanto.¿Cómo se compara con la agricultura orgánica?
Antiguamente los agricultores acostumbraban a rotar los cultivos cada año para prevenir las plagas. Al rotar los cultivos entre maíz y soya por ejemplo, los insectos que se alimentan de maíz se mueren de hambre al otro año. Con los cultivos transgénicos, esta práctica se ha perdido y las mismas plantas son cultivadas año tras año ocasionando resistencia a las plagas y afectando la biodiversidad.
Además, las semillas GM traen un gen llamado “terminator”: se plantan, dan fruto, pero la segunda generación se vuelve estéril. Cinco de las seis transnacionales que controlan las semillas transgénicas tienen patentes tipo “terminator”. Aunque las multinacionales no han confirmado esto ya que es ilegal en varios países, es vox populi que los agricultores deben comprar semillas después de cada temporada de siembra. Incluido en el contrato de compra-venta también existe una cláusula que prohíbe reusar las semillas y es mandatorio devolver lo que sobre.
Las grandes empresas de biotecnología están previniendo que se puedan hacer estudios independientes que respondan preguntas críticas sobre el impacto ambiental que pueden ocasionar los cultivos transgénicos. El problema yace en que los compradores de semillas GM tienen que firmar un contrato y este prohíbe que los cultivos se usen para motivos investigativos. Científicos deben adquirir un permiso de las compañías pero muchas veces es negado, o las compañías insisten en revisar los resultados antes de publicarlos. Las compañías defienden su posición indicando que como su tecnología es patentada deben tener estricto control sobre ella, para así cumplir sus obligaciones regulatorias. Por ejemplo, el Dr. Ostlie de la Universidad de Minnesota obtuvo el permiso de tres compañías para conducir un estudio para comparar como los cultivos de maíz GM actuaban frente a la lombriz de raíz. Un año después Syngenta le quito el permiso argumentando que no estaba en el mejor interés de la compañía que el estudio continuara y Dr. Ostilie tuvo que cesar sus investigaciones.
En una nota similar las compañías de transgénicos han puesto presión a los gobiernos para que las etiquetas no muestren qué alimentos son genéticamente modificados y así prevenir que el público los perciba como “diferentes”. A comienzos de este año, el organismo que regula el mercado alimenticio y de medicinas en los Estados Unidos (Food and Drug Administration- FDA) aprobó la venta un tipo de salmón que crece muy rápido, el primer animal genéticamente modificado. Uno de los miedos más grandes es que los transgénicos provoquen alergias y resistencia a los antibióticos en los humanos.
Más allá de esto y desde hace unos años Monsanto ha montado una acción fuerte y contundente contra los agricultores que se niegan a comprar sus semillas, demandándolos por infracción de patente. Según la multinacional los agricultores deben indemnizar a la compañía, ya que en sus granjas se encuentra las semillas de Monsanto que han sido transportadas por el viento o los insectos, o sea que cada vez hay menos agricultores que quieran y puedan continuar sembrando semillas orgánicas.
Como dicen por ahí, en la variedad está el placer y así mismo la naturaleza se encarga de darnos una abundante variedad de alimentos. La soya, como el café, el vino y cualquier otro producto orgánico no es igual en todas partes. La introducción y expansión de una sola semilla transgénica simplemente amenaza e impacta negativamente la biodiversidad. Gracias a las patentes de transgénicos, las semillas pasaron de ser un recurso natural a ser propiedad privada de las transnacionales.
Te invitamos a que te informes sobre el tema y tomes acción al respecto. Busca comprar alimentos en mercados locales, donde los granjeros te puedan certificar que sus productos son orgánicos y libres de transgénicos. Habla con los supermercados y restaurantes que visites y pide alimentos que no sean genéticamente modificados. Cada compra tuya es un voto a favor o en contra de los transgénicos. ¡Compra localmente, compra orgánico y reta tu lado verde!
Un buen comienzo es la Guia Roya y Verde de Alimentos Transgenicos que te ofrece Green Peace. Puedes verla acá.








